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jueves, 8 de abril de 2010

Una actualización suave

Mientras veía hoy capítulos antiguos de Aída he recordado mi adoración por el joven actor David Castillo. Al principio era uno más, como la salada Ana Polvorosa, pero un día cayó en mis manos la película Cachorro, en que el chaval, más joven aún que en la serie, me sorprendió. Sin ser una película de las que hacen historia, me pareció amable y bien contada. Ahí empecé a cogerle cariño. Y justamente hoy, mientras navegaba por internet, en algún punto entre el nuevo Etrian Odyssey III y el viejo Final Fantasy V, encontré un bitácora llamado La idea del norte, en que casualmente David sale en varios artículos.

Cosas de la vida, ¿eh? Bueno, me siento como un chiquillo de quince años de nuevo, pero no puedo reprimir decir que ojalá pudiera llegar a conocerlo.


Dicho esto, me permito recordar al voluntario de echar unas peleas por la red (M2Hero) que tiene el desafío echado y que aquí lo espero. El resto de nautas aún estáis a tiempo de apuntaros a la lista de los que morderéis el polvo. No soy presa fácil, nenes.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Bilbao se muere contigo

El domingo pasado tuvimos un concierto del Maestro de maestros en el Palacio Euskalduna y por mucho que pase el tiempo, dudo que pueda llegar a olvidarlo. Joaquín Sabina, dios vivo de la poesía y la lírica cantada, nos deleitó con un número digno del más honorable de los reyes.

Muchos dirán: "¡bah! Otra actuación más del pesado ese. Closto, Llueve sobre mojado". Pues no. Si bien las dos útlimas actuaciones en solitario en Bilbao fueron más parecidas entre sí (que no menos grandiosas), ésta última sobresallió de una manera mágica. A pesar de ser la presentación de su disco Vinagre y rosas, algo nos dejó a los nostálgicos. Si algún día pensé que había canciones que serían Aves de paso, erré. El Maestro nos tocó viejas glorias que me tuvieron desde el primer minuto hasta el último con el corazón al borde del colapso y con los ojos húmedos a punto de romperse.

En el escaparate de temas que hay Por el bulevar de los sueños rotos pudimos ver Crisis pero también Noches de boda, Y nos dieron las diez entre acorde y acorde. Insaciables, requerimos la presencia del Excelso dos veces entre gritos y aplausos, haciéndole acabar a las diez y media con una receta de Pastillas para no soñar.

Olga Román hubo de ceder por motivos delicados, Como un dolor de muelas, su puesto a una jovencísima Mara Barros, una Princesa cuyo cuerpo sólo se describe en Una canción para la Magdalena, que nos enamoró con un chorro de voz, si se me permite, "de rayo de luna llena". Nos quitaste a Olga, Y sin embargo te quiero. Ambos, junto a Panchito Varona y su banda habitual, hicieron del escenario su casa y sin vergüenza ni disimulo nos dieron parte de su alegría y nos contagiaron su ilusión.

Al final, y cosciente de que no por más hablar voy a llegar a reproducir todo lo que sentí, se fueron con Siete crisantemos, por nombrar una flor, y un aplauso ensordecedor. Y es que Amor se llama el juego en que nos atrapa a los Peces de ciudad que respiramos por sus versos. Ya no colgará jamás en la puerta de mi esperanza por ver un concierto como debe ser el cartel de Cerrado por derribo.

¿Qué más se puede decir de un espectáculo que te tiene al borde de un ataque al corazón? La emoción me desbordaba literalmente y me faltaba sitio en la sala mayor del palacio para moverme. Me sobraba el cuerpo. Una experiencia que rozaba el dolor de no poder fundirse con las letras. Y sin embargo, repetiria y seguiré repitiendo mientras al Maestro de maestro, dios vivo de la poesía y la lírica cantada, le quede cuerda por dejarnos parte de sí. Yo he muerto Contigo y he vuelto a renacer. Para verte Nos sobran los motivos.

miércoles, 1 de julio de 2009

Catarsis

La improbabilidad nos ha regalado su gracia hoy en nuestro examen de licenciatura. Vale que nos cambiaron una sencilla traducción por una pesadilla de niveles reales por culpa de una bocazas, vale que tuvimos una pequeña supervisora con libros y colorines detrás de nosotros, vale que hayamos sudado en la media hora de descanso lo que no suda un campeón olímpico en sus pruebas físicas, pero la recompensa de nuestros temores y de nuestra desconfianza nos ha permitido eludir no dos sino los tres temas que casi todos temíamos y que, por tanto, más estudiamos y casi más dominamos. Casi. Este año, después de un largo historial de la dicotomía "historia de la lengua inglesa" y "gramática inglesa", no salió ninguno de ésos ni tampoco el etéreo "variedades del inglés". Dios y tu padre manejando borracho entre otras miles de deidades venerables (gracias, Atenea) han decidido que este año seríamos agraciados con una brillante elección entre "literatura americana de minorías" y "literatura del Renacimiento" (osea, "Macbeth"). Tal fue la alegría general, y sobre todo la personal, al ver el número 3 de la bola que indicaba que tendríamos una pregunta sobre Macbeth, y tal enorme fue esa misma alegría cuando la alternativa se presentó en forma de 2, es decir, en forma de literatura americana sobre minorías, que todos sin excepción rompimos a aclamar y aplaudir la fausta y bendita suerte que nos concedió este don memorable e irrepetible. Agradezco desde aquí a todas las fuerzas supraterrenales que han permitido que podamos festejar y celebrar este hermoso momento y esta paz interior que a todos nos invade ahora mismo, a la víspera de nuestra comida, como si fuere un nuevo y español Paulo Coelho.

Y es que a pesar de todo, el oral no nos preocupa mucho ya. Lo peor ya ha pasado y es que ahora mismo sólo queremos terminar el día para irnos con nuestra nota y nuestro aprobado a casa. Las predicciones, que empezaron como funestas y han terminado en faustas, se han mantenido en su nivel de dejarnos la lagrimilla en el ojo. Hemos tenido nuestros fallos en los ejercicios hechos hasta ahora, pero nada importa ya. Somos positivos y creemos que estaremos licenciados pronto. Espero que mi amigo cumpleañoero Luis haya tenido la misma suerte.

Y, ahora, ya que veis que las noticias del examen no se han hecho esperar mucho, sólo me queda dedicar unas palabas cuyo significado conocía pero no me atrevía a pronunciar a Janire Val. Janire, va por "uté":

catarsis.

(Del gr. κάθαρσις, purga, purificación).

1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza.

2. f. Efecto que causa la tragedia en el espectador al suscitar y purificar la compasión, el temor u horror y otras emociones.

3. f. Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.

4. f. Eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso.

5. f. Biol. Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo.



Gracias a todos y a todo.

domingo, 31 de mayo de 2009

¡Y qué pequeño que soy yo!

Hoy tengo el corazón encogido. Me siento nimio e insignificante. Hace tiempo que creo que parte de mi vida se ha ido al traste. Mis ambiciones se vuelven preocupantemente moderadas, mis fuerzas se reducen a números de fácil manejo y mi motivación se ha quedado sin gasolina. Siento que hay un mundo fuera que me estoy perdiendo y que no tengo ni ganas de fuerzas de retomar el sano trabajo.

Me he dejado engañar por mí mismo y me veo arrastrado a una laguna en la que nadar es exquisitamente placentero pero perfectamente inútil, como diría Oscar Wilde. Hay un millón de trabajos, estudios y empresas que debería estar llevando a cabo pero he dejado que me drenaran las ganas de moverme y ahora sólo me queda un resquicio de aprendizaje y voluntad de conocimiento muy limitado y pasivo. Me he ido quedando vacío tan lentamente que para cuando me he dado cuenta, ya sólo soy una caricatura de lo que era. Mis inquietudes y mi labor se han perdido en el tiempo por culpa de la pereza y el desánimo y ahora estoy perdido en las aguas del placer absoluto y el lujo inmerecido.

La escena está pidiendo a gritos un mar de lágrimas pero yo soy incapaz de hacer nada porque he sido atado por mis propias cuerdas en mi propia caverna. Platón me ha atrapado incluso después de que yo anduviera jugueteando entre lo que creía que era la entrada a su cueva.

¡Ay, cómo añoro ahora mi juventud, en la que tenía a gente que me motivaba a seguir a delante! Creo que me he dejado atrapar en mi propia trampa y ahora no sé cómo salir de ella. Necesito esos estímulos que empujan a uno a hacer de la suya una vida de provecho. Ojalá tuviera la suerte de que pudiera volver a aprender de alguien, de sentirme ignorante y vulnerable. Necesito que alguien me guíe por la vida.

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Réquiem a mi vida.

Hoy me siento estúpido, humillado y diminuto. Bien lo define ese pequeño extracto de la famosa canción de Pastora Soler. He perdido la seriedad. Pero lo que más vergüenza me da, incluso más que yo mismo, es que mi propio corazón, y lo digo con la mano en el pecho, se me ha encogido y los latidos me dolían ligeramente, como cuando se le va la vida a alguien, al pensar en mi estupidez, en mi imbecilidad y en el lamentable estado en que he dejado mi vida, hecha trizas.