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miércoles, 29 de julio de 2009

Harry Potter y las almas partidas

Ésta será una intervención brevísima. Después de pensarme mil veces cómo organizar todo el desorden que la película que narra las aventuras y desventuras de ese trágicamente famoso chaval ofrece al espectador he decidido no escribir nada de lo que había decidido plasmar en mi bitácora. Solamente os diré que el señor Potter es cada vez más falso y artificial (creo que el actor está tan hasta las pelotas de hacer de Harry como nosotros de verlo); que su actuación cada vez roza más la pena y la vergüenza ajena; que los demás personajes "importantes" parecen haber retrocedido en años (parece que en vez de madurar como actores, rejuvenecen y actúan como críos de cada vez menos edad), aunque hay que romper una lanza a favor de Alan Rickman (Severus Snape), que si bien estas películas son como pinchazos en su rueda (su carrera), parece que es el único que entre la mediocridad destaca y se mantiene año a año; que el guión es cada vez más enclenque y tambaleante, por no mencionar que se repite más que los ajos; que la historia cada vez es menos interesante, y, por último aunque no por ello menos importante, que es una película que hace vibrar a los críos literalmente y eso, damos y caballeras, es algo injustificable hoy en día. Y todos sabemos a qué timpo de vibración me refiero (no es nada sexual, así que si tenéis dudas, id a verla y horrorizaos con pelíucla y público).