Mara y Mauri son empleada y jefe respectivamente. Mara comenzó a trabajar recientemente en una empresa y Mauri puso sus ojos sobre ella desde el primer momento. Sin duda, es su empleada favorita.
Poco a poco Mara ha conseguido hacerse un hueco entre sus compañeras, que la tratan con cariño y alegría, mas cada vez que se encuentra con Mauri, saltan chispas de emoción y comedia.
Para no perderos ninguno de los capítulos de este turbulento romance, estad atentos al desarrollo de la historia en este mismo bitácora.
Ah, stranger, thou have made it this far. What is thy business here? Allow me to greet thee and welcome thee to our humble castle, land of night. The organ is playing as the Master waits for his most... distinguished guests. Feel free to wander about and speak thy mind, but do not ever dare be an insolent boy. There shall be no games here. If thou shall not behave, be gone. Now come and let us all feast this night. We will meet again!
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jueves, 8 de julio de 2010
martes, 2 de febrero de 2010
La obsesión del amor o por qué Murphy está presente en Metro Bilbao
Hola, gente. Sabed que ya vengo repuesto después de mi dies irae. Hoy vengo con ganas renovadas de trastear por internet porque cada dia me convencen más de que hay muchísimas posibilidades en la gran red que me saque de este agujero periodístico.
En cualquier caso, lo de hoy no tiene mucho que ver con eso. Este fin de semana, además de haber pillado un trancazo que me tiene casi mudo y de haberme metido por vena los walkthrough de los Silent Hill I, II y III (juegos a lo que nunca jugaré porque, parafraseando a Melvin, "they've got a lot of issues!") me he decidido a escribir sobre un par de cosas que tenía en mente.
En primer lugar, quería hacer una pequeña reflexión acerca del amor. He de reconocer que mi amigo Aloxi (que comentó el otro día acerca de la XBOX xD) está mucho más puesto en este tema, pero intentaré ser mayorcito y meterme los dedos yo solito. La historia es simple: estaba yo escuchando el Mr. Sandman de The Chordettes y caí en la cuenta de que estamos todos obsesionados con el amor. Entiendo que hace tiempo, cuando los hombes reunían el dinero y cobijaban a las mujeres, éstas buscaran ese refugio, mas ver ahora a millones de personas pronunciar esa palabra como quien habla del tiempo me asusta y me perturba. Nunca viene mal recordar que, fuera de mitologías y mariconadas similares, el amor es un proceso bioquímico que jamás moverá el mundo. Funciona, como se suele decir, como las drogas. Ahora, al igual que nadie se despierta un día y decide que se volverá loco buscado "maría" o "caballo", me parece que tampoco se debe salir a la caza del príncipe azul. Lo que quiero expresar es que obsesionarse por encontrar pareja, como suele pasar hoy en día, me parece incorrecto.
Me parece imposible encontrar amor si no se observa uno mismo, se mide y se trata de ser feliz como se es. No se puede enamorar uno a primera vista ni a los tres minutos, así como no se puede elegir sobre un "me gusta". Para que podamos decir "te amo" con verdad tenemos que ser conscientes de que, además de las atracciones sensuales (olor, tono de voz, tacto...) está la "compatibilidad" o "rendimiento" que sacaremos de la pareja. Sí, algo como previsión de futuro. Al fin y al cabo, no somos nosotros quienes elegimos sino nuestro cerebro. Y no elige al que esté más bueno sino con quien pueda asegurar una buena descendencia y su protección.
Por otro lado, y por mucho que gente cerca a mí lo niegue, la ley de Murphy de toda la vida me viene tocando las pelotas desde que empecé este curso. Sino, ¿cómo se puede explicar que todos los días sin falta, el metro siempre se vaya pocos segundos antes de que pueda alcanzarlo? La situación es, cuando menos, curiosa. Bajo las escaleras mecánicas largas que dan a la calle y luego las pequeñitas que me llevan al pasillo común que da a los andenes. Ahi es donde meto el billete mientras el metro se va.
Al principio corría y esas cosas, pero cuanto más corría, más se apresuraba el maquinista en arrancar. Al final he aprendido a bajar tranquilo y olvidarme de coger el primero, aunque me molesta soberanamente que siga siendo así. Únicamente dos veces, a principios de curso, he podido alcanzar el metro bien. Antes solía venir el metro a la vuelta, al ir a casa, justo cuando llegaba al andén, pero desde que me propuse escribir esto (y es completamente verídico), poco antes de Navidad, me pasa lo mismo que a la ida.
Total, que metro me torea. Encima, por las mañanas hay un subnormal que conduce como el culo y más de una vez me retrasan la llegada, como ayer, que no fui el único en resoplar en mi vagón. Por las tardes y las noches, en cambio, no hay ningún problema con Metro Bilbao. Decidme si esto no huele a Murphy por todos lados, porque si no lo creéis, que baje Dios y lo vea.
En fin, hasta aquí mis aventuras con el metro. xD Me moría por soltarlo y aliviarme un poco.
En cualquier caso, lo de hoy no tiene mucho que ver con eso. Este fin de semana, además de haber pillado un trancazo que me tiene casi mudo y de haberme metido por vena los walkthrough de los Silent Hill I, II y III (juegos a lo que nunca jugaré porque, parafraseando a Melvin, "they've got a lot of issues!") me he decidido a escribir sobre un par de cosas que tenía en mente.
En primer lugar, quería hacer una pequeña reflexión acerca del amor. He de reconocer que mi amigo Aloxi (que comentó el otro día acerca de la XBOX xD) está mucho más puesto en este tema, pero intentaré ser mayorcito y meterme los dedos yo solito. La historia es simple: estaba yo escuchando el Mr. Sandman de The Chordettes y caí en la cuenta de que estamos todos obsesionados con el amor. Entiendo que hace tiempo, cuando los hombes reunían el dinero y cobijaban a las mujeres, éstas buscaran ese refugio, mas ver ahora a millones de personas pronunciar esa palabra como quien habla del tiempo me asusta y me perturba. Nunca viene mal recordar que, fuera de mitologías y mariconadas similares, el amor es un proceso bioquímico que jamás moverá el mundo. Funciona, como se suele decir, como las drogas. Ahora, al igual que nadie se despierta un día y decide que se volverá loco buscado "maría" o "caballo", me parece que tampoco se debe salir a la caza del príncipe azul. Lo que quiero expresar es que obsesionarse por encontrar pareja, como suele pasar hoy en día, me parece incorrecto.
Me parece imposible encontrar amor si no se observa uno mismo, se mide y se trata de ser feliz como se es. No se puede enamorar uno a primera vista ni a los tres minutos, así como no se puede elegir sobre un "me gusta". Para que podamos decir "te amo" con verdad tenemos que ser conscientes de que, además de las atracciones sensuales (olor, tono de voz, tacto...) está la "compatibilidad" o "rendimiento" que sacaremos de la pareja. Sí, algo como previsión de futuro. Al fin y al cabo, no somos nosotros quienes elegimos sino nuestro cerebro. Y no elige al que esté más bueno sino con quien pueda asegurar una buena descendencia y su protección.
Por otro lado, y por mucho que gente cerca a mí lo niegue, la ley de Murphy de toda la vida me viene tocando las pelotas desde que empecé este curso. Sino, ¿cómo se puede explicar que todos los días sin falta, el metro siempre se vaya pocos segundos antes de que pueda alcanzarlo? La situación es, cuando menos, curiosa. Bajo las escaleras mecánicas largas que dan a la calle y luego las pequeñitas que me llevan al pasillo común que da a los andenes. Ahi es donde meto el billete mientras el metro se va.
Al principio corría y esas cosas, pero cuanto más corría, más se apresuraba el maquinista en arrancar. Al final he aprendido a bajar tranquilo y olvidarme de coger el primero, aunque me molesta soberanamente que siga siendo así. Únicamente dos veces, a principios de curso, he podido alcanzar el metro bien. Antes solía venir el metro a la vuelta, al ir a casa, justo cuando llegaba al andén, pero desde que me propuse escribir esto (y es completamente verídico), poco antes de Navidad, me pasa lo mismo que a la ida.
Total, que metro me torea. Encima, por las mañanas hay un subnormal que conduce como el culo y más de una vez me retrasan la llegada, como ayer, que no fui el único en resoplar en mi vagón. Por las tardes y las noches, en cambio, no hay ningún problema con Metro Bilbao. Decidme si esto no huele a Murphy por todos lados, porque si no lo creéis, que baje Dios y lo vea.
En fin, hasta aquí mis aventuras con el metro. xD Me moría por soltarlo y aliviarme un poco.
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